Pisas el cielo y nunca me ves
Yo te amaba y vos bien lo sabes
Pisas el cielo y nunca me ves
eres la insignia que calmó mi ser
Virgen de riña estas afilando tu paladar
el veneno esta en tu piel
que se estrella contra la pared
IKV
Un clasico en mi familia en epoca de Fiestas de Fin de Año es el lanzamiento de globos de aire caliente.
Esta tradicion no sería tal si no hubiera (por lo menos) un globo al año que se prende fuego en el aire, y como tal, el año que uno no se incendia es como que algo ha faltado.
Ahora, mirando esta foto me doy cuenta que estos globos, al encenderse, toman forma (en este caso invertido) de un corazon.
Cada vez que entro en una iglesia se me da por mirar el techo.
En algunos casos, este espacio es ocupado por pinturas y trabajos artísticos.
En la mayoría de las que visité, es únicamente lamparas y oscuridad.
Es una contradiccion. Lugares en los que se habla de "Luz Divina", y en los que la oscuridad predomina.
No sé como describir la sensación que tengo cada vez que paso por La Cañada.
Mis sentimientos de grande se mezclan con la sensación que, siendo niño, tuve la primera vez que me encontré arriba de ese puente de piedra.
La Cañada siempre tuvo algo de magia.
Rara forma de percibir la magia.
Rara forma de definir la magia.
Rara forma de descubrir la magia.
Y ese paisaje no era humano:
Diego no conocía la mar. Su padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
Viajaron al sur. Ella, la mar, estaba mas allá de los altos médanos,esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas dunas de arena, después de mucho caminar, la mar estallo ante sus ojos.
Y fue tanta la inmensidad, y tanto su fulgor que el niño quedo mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando,pidió a su padre:
"¡Ayúdame a mirar!" -
EDUARDO GALEANO
"Tu me has mostrado el sol en el rincón que duerme